miércoles, 5 de noviembre de 2008

Aquí estoy en esta tarde de primavera que anuncia un verano de aquellos.
Qué dificil ha sido concentarme en otras cosas que no sean mi hija; en cada día, en cada sueño,en cada movimiento que doy ella está presente. La culpa a veces me agobia, la soberbia otras veces se asoma, la pena la siento latiendo cerca, la desesperación me acorrala a ratos, la esperanza ahí... presente como el café humeante de cada mañana. Se, y sólo porque lo se, que el río de nuestras vidas volverá a su cauce, que caminaremos nuevamente con paso firme, que el abatimiento y el dolor desaparecerán poco a poco, pero mientras se llega a eso hay que sonreír, hay que poner esa buena cara.

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